Había una vez una niña…

De vez en cuando hablo con mis padres. A veces me cuentan nostálgicos, cosas que hacia de pequeña. Muchas de ellas, demuestran que sigo siendo la misma persona.

De pequeña me despertaba de noche a cada hora, y mis queridos progenitores, tenian que levantarse de su cama para que acunarme y volverme a dormir. Hoy en dia, sigo siendo la misma insomne.

Y ya que hablamos de dormir, no me gustaba que mis padres se durmieran. Yo creo que era porque pensaba que no se iban a despertar más o algo. Pues bueno, cuando mi madre o mi padre dormian la siesta (que yo nunca la he dormido), yo preguntaba “¿estás durmiendo?” a la vez que les metia un dedito en el ojo que mejor me pareciera.

Mis travesuras fueron muchas y muy variadas: tirar todos mis juguetes por la ventana, esconderme entre los muñecos, tirar los coleteros de mi madre por el WC, fingir estar muerta, tirarles a mis padres las llaves de casa a la basura, etc.

Hoy, mi madre me explicaba mis idas y venidas a la guardería. Me contaba que cuando venia a buscarme y me preguntaba si lo había pasado bien, yo le decía que si, pero que cuando se iban los padres, las encargadas nos pegaban palizas. A lo que mi madre me decía que no era posible, que no tenía ningun morado ni nada, y yo contestaba que eso pera porque nos pegaban en la cabeza. Obviamente, era mentira…

Cuando venía a buscarme mi padre, la cosa cambiaba, ya que siempre me traía una chocolatina a la que yo había bautizado como Polotó, no sé porque, ni nadie lo sabe, pero supongo que cuando me la comía, me sabía a Polotó.

 Comiéndome un Polotó

También han iluminado mi memoria hablándome del entusiasmo que tenía siempre al hacer las cosas o de lo mandona que era.

Una vez, se ve que cuando vino a buscarme mi madre, le preguntaron si usaba mascarillas o algo. Mi madre se extraño, pero la responsable le dijo que es que me había puesto el puré por la cara, revolucionando así a todos los niños que habían hecho lo mismo, y les decía que era para estar más guapos.

O tal vez deba hablar también de las múltiples jaquecas que debí causar allí, ya que las educadores infantiles, nos hacían dormir siesta (que, repito, yo nunca he dormido) y yo, ni corta ni perezosa, despertaba a todos los niños y planeaba escaparnos ya que las luces estaban apagadas.

Ay, recuerdos, recuerdos… Mi infancia debió ser muy cachonda para terceras personas, pero estoy segura de que para mis padres fue un absoluto martirio.

Posted: August 12, 2007 Comments (2)