Memorias de un caníbal

La primera vez que nos vimos fue en el deposito de cadáveres. Yo solía ir allí a comer: es un sitio barato, bueno, ya que algunos muertos están bastante frescos, y no te aliñan los platos con sangre añadida, manos de pianista o con pus.

Estaba deleitándome con el muslo de una muerta hacía dos días, cuando ella apareció al fondo del pasillo.

 

Su pelo y su vestido blanco desgarrado estaban mojados. La había pillado saliendo de su baño de formol. Su mirada perdida me cautivó, su cuerpo amarillento en su totalidad, a excepción  de sus azuladas articulaciones, me quitaba el aliento. Sus pechos, flácidos como los de un muerto, me incitaban a morder.

Ella tomó mi cabeza entre sus manos y pareció querer llevarse mi cabeza a la boca, no se bien si para besarme o para comerme el cerebro. En ese momento, para prevenirme, levante la vista y le mostré mis incisivos afilados. Entonces vi que le faltaba la oreja izquierda y que su cuerpo estaba plagado de yagas. ¡Me había enamorado perdidamente de una zombie!

Desde aquel día que nos enamoramos en el depósito, nos convertimos en inseparables.. Nunca había experimentado actos de pseudo-necrofilia, ya que yo veía a los muertos como alimento y no podía concebir con ellos relación sexual alguna. Pero aquella zombie me montaba como nadie, despacito, como si continuamente estuviera en éxtasis. A veces me asustaba un poco porque parecía ver mi cerebro a través de mi y la creí deseosa de probarlo. Me gustaba que de su boca emanaran sangre y pus cuando se aplicaba en hacerme felaciones. Todo era fantástico.

La invité un par de veces a cenar conmigo. Como ya he dicho, a mi no me gusta aliñar a los cadáveres pero a ella, le divertía muchísimo mojar trocitos de víscera en la sangre que iba cayendo, o comerse las ratas que yo mataba a golpes para que el plato quedara más decorado.

Nunca tuvimos problemas para comer: ella gustaba de devorar cabezas cuando a mí lo que más me interesaba eran músculos y órganos como el hígado o el corazón.

Salíamos juntos a buscar algún cadáver de niño que llevarnos a la boca. Los niños son mi plato preferido: tan tiernos, tan suaves, tan exquisitos…

¡Ai, mi querida zombie!

El primer fin de semana del mes de agosto, quise llevarla a conocer a mis padres. No sabría la reacción que tendrían, ya que nunca había traído una novia a casa, pero estaba seguro de que ella les caería bien.

No tuve oportunidad de presentarles nunca ya que ella murió.

Las circunstancias fueron bastante extrañas: mi preciosa zombie se comió la cabeza de un terrorista kamikaze que se disponía a efectuar un atentado y llevaba la gorra llena de Goma-2. Cuando lo hubo digerido todo, el explosivo hizo lo propio en su estómago y el cuerpo de mi amada, quedó esparcido en tantos trocitos que ni siquiera pude reconocer el cadáver.

Posted: July 23, 2007 Comments (6)

Hay que hidratarse (a poder ser con alcohol)


El calor, las insolaciones y lipotimias varias…

Los mosquitos, los niños en sus casas dando gritos y molestando al personal en lugar de irse a tomar por culo a la montaña a romperse la crisma…

Las parejas en la playa dándose besos, los turistas del calibre de Scarlett Johansson, el cierre de las tiendas por vacaciones, los best-sellers y las novelas rosas vendiéndose como churros en las librerías para enajenar las mentes solitarias…

Los tenderetes de pulseras, los chulos de playa, los helados, los flotadores, las excursiones y las incursiones en las vidas ajenas…

Los atascos vacacionales, los apagones provocados por las subidas de tensión causadas por los aparatos de aire acondicionado, los vecinos quejándose del botellón callejero….

Los incendios, los WC de gasolinera, la visita a la familia, los amigos que te cuentan lo jodidamente bien que lo han pasado en los festivales musicales….

El verano es genial ¿no? Y las vacaciones también.

Ya estamos casi en agosto muchachos y muchachas, y entre mi pierna tullida y el chungazo que me dio el viernes, ¡me estoy comiendo el verano con patatas! ¿Qué digo con patatas? ¡Con sémola de arroz!

Pero no, hasta de los tubérculos tengo que privarme…

Cuando lo que más me apetece es un cocktail helado de gimlet corriendo por mi garganta, vestir mini-falda, bañarme en un balneario…. entonces se presenta ante mi el hecho de que no tengo un puto duro, tengo que estudiar para las oposciones, tengo la pierna podrida y me pongo enferma. Y además de la gastroenteritis, ahora voy y me constipo.

Si existe algún Dios en este cielo en el que irradia el Sol más celoso que nunca, que deje de castigarme, que yo no he hecho nada a nadie.

Y como todo me siga saliendo de esta manera…. os aseguro que mataré al más cercano que se me presente.
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