VACACIONES DE VERANO CON EL PEPINO EN LA MANO (Segunda parte)

 

 

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero como lo único que tienen en común ambas entradas es el nombre, espero que la temática les sorprenda.

Una vez más, sexo y literatura se unen para ofrecernos el deleite de una nueva novela erótica. Pero ahí no es donde acaba mi interés, sino que precisamente el afán por hacerme con ese libre es el autor: damas, caballeros y amigos del espacio exterior, el Subcomandante Marcos nos sorprende con una novela erótica.

Y no sabía yo que el líder del EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) fuera de pluma y tintero. Y menos que tratara el tema del amor y el erotismo en una novela entre el realismo y la ficción.

Pues bien, según lo que he leído, el libro consta de una parte que son textos-cartas guarrotes, apasionados y bastante explícitos, que un tal Sombra El Guerrero (Marcos), que es un caballero andante parecido a Cirano de Bergerac o al Quijote, le escribe a su amada, que no se sabe bien, bien si es un ente, un objeto o una mujer real, a la que llama Ella.

El libro también consta de pinturas de Pinceles (Antonio Ramírez, que se ve que es un artista conocido pero que yo desconozco), que es un pintor que por encargo de Sombra, plasma para Ella lo que el caballero no es capaz de expresar. Y la tercera parte que compone la obra son diseños de un tal Cuadrantín (Efraín Herrera).

El precio del libro es de unos 61 €urazos (casi nada) y lo que se saque de beneficio se destinará a proyectos de salud en comunidades indígenas de Chiapas. La que cosa no pinta mal, pero cuando te dicen que el libro tiene una tirada única de mil ejemplares es cuando a una servidora le entra la neura de hacerse con él, al precio que sea.

En fin, como todavía no sé mucho más de este libro, os pongo algunas opiniones del los que si lo han leído y un pequeño fragmento que refleja la belleza del lenguaje que se emplea en la novela.

El Subcomandante Marcos 
                                                                                                                                  

Hermann Bellinghausen

El guerrero enamorado es una tradición literaria en sí misma presente por ejemplo, en la Europa medieval, el México antiguo y países de oriente como India y Japón.
 Desde el deseo las noches de insomnio se cargan de un sentido diferente a la angustia, la soledad, el desarraigo, la desazón que espoleó el cortejo de la dama, como capitán sitiando una difícil fortaleza, con la única y carnal visión de tomarla, y en un juego de espejos, ser tomado por ella.

Adriana Malvido

Deben dejarse atrapar entre las páginas, como cuando uno se deja atrapar entre las sábanas, o las yerbas, o las olas, en la piel del otro.
Marcos se convierte en Sombra, el Guerrero, para escribir por las noches al único ser que ha sido capaz de doblegarlo, de seducir al seductor, de quitarle el sueño pero no la duermevela, y de llevarlo al delirio, al ansia, al miedo, a un suspiro interminable y a un impulso poético que hace volar por los aires y en añicos su armadura, su yelmo, su lanza y todo aquello que lo cubre para hacerse caballero andante.

                                                                                                                                   

“Ella nos derrotó desde la madrugada aquella en que reunidos los tres, sin más lisonjas que las que ofrecen el café y el tabaco, decidimos llamarnos la Sociedad del Desvelo.”

“Qué se sumen, pues, los desvelos que esta historia, palabra, imagen, libro, provoquen, que luz tan alta como la que en ella anda, alto tiene el sueño y a desvelar alcanza con su brillo a todo varón o fémina que de serlo se precie, aunque aumente más así mi sufrida vela. No estoy vencido, no, saberlo vosotros y aquél que en la pelea entre para ser no dueño, sino siervo de mi señora.”

Posted: June 17, 2007 Comments (1)

El patio de las pocas luces

Hay como una extraña enormísima nube que debe cubrir todo mi barrio. Acabo de sacar mi cabeza por la ventana de mi habitación que da al patio de luces y, con lo poco que se puede ver desde aquí, he divisado un cielo completamente blanco. Pero a ver: ¿el cielo no era azul? Debe de ser una nube, aunque tratándose de este patio, pudiera ser que algún vecino loco hubiera puesto una lona desde los terrados de todos los edificios que lo forman, nunca se sabe.

Antes los patios tenían como techos de Uralita, cosa que felizmente disfrutaban gatos y pájaros… Sí, lo recuerdo, a mi me gustaba ponerme debajo para verles la silueta cuando pasaban por allí. Era divertido cuando era pequeña y no tenía nada mejor que hacer en los veranos que pasaba en casa de mi abuela.

Eso sí, no era ni por asomo tan “toca huevos” como los niños de los vecinos que viven en el bajo. Ahora hay uno que esta tocando con una trompetilla, de esas que se te mete el sonido en la sesera y bajarías a matar al niño, o mejor, al padre o la madre por darle esa mierda de juguete. Además, son juguetes peligrosísimos porque siempre están tirados por ahí y luego van los niños y se los meten en la boca, ahí con todas las bacterias. Eso si no les da por arrojarle el juguete a su hermano o a la mascota, que esa es otra.

Total, que uno de los niños esta con la trompetita y el otro esta molestando al perro, que obviamente ladra…

Pero sacar la cabeza por mi patio de luces es como ver una película costumbrista italiana. Si Visconti estuviera vivo, le invitaría a una tarde fuera de su condado de Lonate Pozzolo. Que pasara una tarde aquí observando….

Hay muchas anécdotas del lugar, porque claro es, aquí se oye todo: el vecino que tira la cadena, el que va duro y hace fuerza, el que se tira una ventosidad descomunal, la anoréxica que vomita, etc. Cabe decir que a la izquierda de la ventana de mi habitación están los ventiladeros (porque a esos mini-ventanucos no se les puede llamar otra cosa) de los retretes del bloque de al lado.

Pero no todo son aventuras en el excusado: aquí se oye como discuten los chinos del piso de abajo (esto es Santako), como la señora Maria riñe a su nieto Alvarito por no recoger los juguetes que deja tirados, los problemas de la pareja por llegar a fin de mes, los ancianitos y ancianitas que cotillean sobre la vecindad, etc.

Vista desde la ventana de mi habitación 

Y es que ni siquiera Buera Vallejo pudiera haberlo plasmado en Historia de una escalera.

La guinda fue el día que estando yo leyendo en mi cama oí una conversación acalorada y, como soy una curiosa, pues tuve que sacar la cabeza para enterarme de que iba la cosa. Los representantes de la función debían ser un hombre y una mujer, jóvenes, diría yo aunque no los vi (el patio de luces es amorfo y lo oyes todo aunque solo veas las paredes de dos edificios aparte del tuyo). El dialogo discurrió de la siguiente manera:

Hombre: - Que te calles, que Uranio es un país.

Mujer: - A mí déjame, que yo no se nada de geometría.

A esto, a mi se me escapó una risita, y claro es, se callaron y no los volví a oír. Luego, con los días he ido pensar que era mejor llorar, que reírse de esa analfabeta pareja.

Y es que en este bloque me siento como el gato de 13 Rue del Percebe.

En fin, que aunque solo tenga un canal de tele en el televisor de mi habitación, no me hace falta más, con los vecinos ya estoy entretenida. Ni Aquí No Hay Quién Viva, ni El Cor de la Ciutat: Santako ciudad sin ley.
 
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