Qué leer cuando estas enfermo

Estoy endemoniadamente constipada. Esta tos, estos mocos, esta congestión… Me siento como si mi cabeza fuera un globo…
Y claro, ¿cómo evitar la imagen del enfermo en la cama con un libro en la mano?
Yo cuando estoy enferma siempre leo. Pero hay que vigilar muy bien que se lee cuando se esta enfermo porque al igual que en esos momentos aquel que te viene a visitar se convierte en un amigo al que no le importa contagiarse, un libro también puede convertirse en un amigo con quien compartir las fatigas abdominales que produce la tos. Ante todo, recuerda que por mucha gotita que te caiga de la nariz si no encuentras pañuelos a mano, nunca te suenes los mocos con las hojas de un libro. Nunca! Ningún editor se merece ser conocedor profundo de tus fosas nasales…
Bueno, como decían, hay que procurar elegir bien el libro que se va a leer cuando se esta enfermo. No vale coger el primero de la estantería porque puede pasaros como a mí.
Recuerdo que una vez que estuve enferma y no paraba de vomitar (vomitaba incluso más de lo que comía y bebía), cayó en mis manos el libro de Kleinbaum de El Club de los Poetas Muertos. Yo no había visto la película pero terminé el libro llorando a moco tendido, habiendo disfrutado de él como Bastian de su Historia Interminable.
Pero esta vez no he corrido la misma suerte. Esta vez, no.
No sé si he tenido la desgracia de caer enferma mientras leía Misery o de leer Misery mientras estoy enferma. Conclusión: no leáis Misery de Stephen King si estáis postrados en una cama. Y menos si vivís con la pesada de vuestra abuela que no para de atosigaros todo el día: tápate, las pastillas, no andes descalza, come algo caliente, ve al médico, pide la baja, sécate el pelo al salir de la ducha, etc. La situación en si ya es agobiante, pero si además estas leyendo un libro sobre un tío que esta secuestrado en una cama porque ha tenido un accidente y esta invalido en una habitación de una casa de una lunática llamada Annie Wilkes que además le ha creado adicción a la codeína, entonces la situación si se vuelve insoportable.
Y entonces, he decidido arrojar el libro a la otra punta de la habitación y dormir. Sortosamente, no me ha perseguido ningún pensamiento raro en sueños. Han sido dulces como el jarabe que me estoy tomando, que tiene nombre de chino: Sekisan. Demos gracias a las farmacéuticas, este nombre no se parece ni por asomo al de Novril ni yo me llamo Paul Sheldon.
